Qué es Qué cura Casos en que actúa Cómo cura Ventajas
Qué son Historia
Angustia Ansiedad Depresión Estrés Falta de confianza Fobias Insomnio Melancolía Memoria Miedos Migrañas Obsesiones Pánico Sexualidad Tristeza
Consultorio Currículum Vitae Autobiografía personal
 
Dr. Goldstein Herman | Autobiografía profesional

ETAPA PSIQUIÁTRICA

Egresé de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1967.
Hice mi práctica psiquiátrica en el Servicio de Psicopatología del Policlínico de Lanús dirigido por el Profesor Doctor Mauricio Goldenberg.

En dicho servicio, fui uno de los médicos liderados por el Dr. Valentín Barenblit que desarrollaron la primera experiencia mundial de atención de pacientes con trastornos mentales en un hospital general, es decir, fuera de la Sala de Psiquiatría. De este modo creamos el Primer Servicio de Interconsulta Hospitalaria del mundo.

 

Dr. Goldstein Herman

ETAPA PSICOSOMÁTICA

Debido a los trabajos presentados en congresos el grupo fue conocido internacionalmente como “La patrulla”. Este nombre respondía a la modalidad de rastreo entre los pacientes de los servicios no psiquiátricos, que presentaban, paralelamente a su patología clínica o quirúrgica, una afección mental.

Casi de inmediato, los médicos de los servicios no psiquiátricos, comenzaron a consultar por pacientes sin enfermedad mental alguna. Curiosamente, eran enfermos que no respondían a los tratamientos, no presentaban mejoría a pesar de recibir las medicinas adecuadas. Para los médicos tratantes estos enfermos padecían de “síntomas raros”.

En la búsqueda de respuestas para esta nueva problemática comenzó el desarrollo de la Medicina Psicosomática en el país.

Me sumé al grupo médico que acompañó al Dr. Fidias Cesio en la fundación del  Centro de Investigaciones en Medicina Psicosomática (CIMP).

 

ETAPA PSICOANALÍTICA

Lo psicosomático despertó mi consciencia acerca de la falta de instrumentos científicos para tratar con idoneidad a este sector de enfermos sin enfermedad mental, portadores de “síntomas raros”.

Puse en el Psicoanálisis mi esperanza de obtener el respaldo científico que buscaba, pero esa especialización no se enseñaba en la universidad. Entonces me sometí al psicoanálisis como paciente, para aprender la técnica “en carne propia”.

 

El  “psicoanálisis en el hospital”
Poco tiempo después, con otros colegas, llevamos el Psicoanálisis al hospital. No pasó mucho tiempo hasta que nos vimos desbordados por pacientes neuróticos que llegaban, incluso, desde lugares ajenos al Municipio de Lanús. La práctica del Psicoanálisis Individual se hizo imposible. Tuvimos que crear modalidades de atención para satisfacer esas necesidades y creímos hallar la respuesta en lo que se llamó, “Psicoanálisis en Grupos”.
Participé en la primera implementación hospitalaria de tratamientos “en grupos”.
Muy pronto tuvimos que limitar el tiempo de atención, así nacieron las Terapias Grupales “Breves”.
Pero poco después, también nos vimos obligados a moderar nuestros objetivos. Nos propusimos tratar “un sólo” síntoma en particular y surgieron las Terapias Grupales de “Objetivo Limitado”.
Las limitaciones en tiempo y en objetivos generaron nuevas demandas; los pacientes cuyos “contratos” terminaban no se sentían mejor… y creamos las Terapias “de Apoyo”.
Cada transformación obedeció al gran número del número de pacientes que acudió al Servicio, pero no tengo dudas de que estos intentos constituyen el antecedente histórico de los actuales “Grupos de Auto Ayuda”. 

En 1970 fui nombrado Profesor del Curso de Psicoterapia Grupal para Médicos Residentes de Psiquiatría de la U.B.A.

Dirigí Grupos de Psicodrama para Médicos con el objetivo de mejorar la relación médico-paciente en el Servicio de Gastroenterología del Profesor Dr. Marcos Meeroff, con quien también trabajé en la recuperación de alcohólicos durante dos años y medio.

Paralelamente, organicé grupos para pacientes con cualquier patología, psíquica o no, dados de alta en el hospital general.

En 1973 obtuve mi título de Médico Psiquiatra.

En 1977 se me otorgó la categoría de Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (A.P.A.) con Función Didáctica, es decir, con habilitación para analizar a médicos en formación como psicoanalistas.

En 1978  se me otorgó la categoría de Full Member of The International Psycho-Analytical Association.

En 1994 participé como Miembro Titular, en la fundación de la Federación Psicoanalítica Latino-Americana (FEPAL).

En 2000 fui nombrado Titular de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH).

En forma paralela a mi labor hospitalaria e institucional, atendí psicoanalíticamente en mi consultorio particular. Además, desarrollé actividades como Profesor en el Instituto de Psicoanálisis de A.P.A., publiqué mis investigaciones en revistas de la especialidad y presenté trabajos en congresos nacionales, latinoamericanos e internacionales.
Esos trabajos se pueden hallar en Internet con sólo escribir, “goldstein herman”

 

ETAPA HOMEOPÁTICA

Decidí ser homeópata a raíz de la revelación de un paciente de psicoanálisis. Éste manifestó estar intranquilo porque no había tomado, ese día, “su dosis” del tranquilizante de moda. Es sabido que el psicoanálisis no receta medicamentos, por lo tanto este paciente estaba violando una norma del tratamiento.

Durante su análisis esta persona reveló que cortaba el tranquilizante “en pedacitos” e ingería uno cada vez que enfrentaba una situación difícil. Era claro que este  paciente utilizaba “los pedacitos” como muleta para sortear problemas. Ello me condujo a recordar a la Homeopatía, pero confieso que “despectivamente”, como mala palabra, tal como se hablaba de ella en la Facultad de Medicina.

Debido a su tamaño, “un pedacito” de medicamento alopático jamás podría dar la tranquilidad que una ingestión completa. La calma que obtenía mi paciente no provenía del pedacito que ingería, sino del llamado “efecto placebo”, que brinda un preparado farmacéutico sin medicamento alguno.

En mis experiencias psiquiátricas hospitalarias había investigado sustancias que producirían rechazo a la droga en el adicto. A éste se le advertía que sufriría un doloroso síndrome de abstinencia si consumía la droga nuevamente. Basado en esas experiencias, decidí buscar una sustancia que cumpliera la función de “los pedacitos” de mi paciente.

No se me ocurrió nada mejor que utilizar un medicamento homeopático. “-¡Total, las medicinas homeopáticas son sólo agüita…!” – me dije. En otras palabras, en aquel entonces, desde mi desconocimiento, yo sostenía con desdén que el medicamento homeopático no era más que un placebo. 

Afortunadamente,  nunca traté a mis pacientes como “conejitos de Indias”; jamás hice experiencias con ellos. Como psiquiatra, probé el psicoanálisis primero en mí mismo; me hice analizar por un psicoanalista con experiencia. Con la homeopatía procedí del mismo modo.

Yo padecía en aquel entonces ciertos “síntomas raros”. Hacia el anochecer me acometía un frío de hielo. Cuando me acostaba a dormir, aún en el más frío invierno debía sacar mis pies de las cobijas pues me ardían como carbones al rojo. Durante el sueño me despertaban dolorosos calambres que, a veces, me mantenían en vela toda la noche. La medicina oficial no había conseguido mitigar esas dolencias mías.

Me hice atender por el Dr. Jorge Casale, un homeópata. Los resultados fueron decisivos. En poco tiempo, con un sólo medicamento repetido a distintas potencias, mis males fueron desapareciendo. Después de todo, la homeopatía resultó ser “algo más que “agüita”

Como había hecho antes con el Psicoanálisis, resolví aprender de quienes ya ejercían la homeopatía. Completé los cursos de la Asociación Médica Homeopática Argentina (AMHA) y obtuve mi título de Médico Homeópata Unicista en 1996.

Un año más tarde, 1997 completé un Master en Homeopatía Unicista Superior.

Desde el 2001 soy Docente en la Escuela de Homeopatía Unicista de la AMHA.

También en Homeopatía mantengo una activa producción científica. Publiqué artículos en revistas de la especialidad y presenté trabajos en congresos nacionales, latinoamericanos e internacionales. He escrito numerosas notas de divulgación de la Homeopatía en diversas publicaciones del género.

 

PORQUÉ LA PSICOMEOPATÍA

En Homeopatía no hay especialidades como en la medicina oficial (cardiólogo, oculista, etc.).

La especialización contradice el concepto homeopático de que el enfermo es una totalidad.

No existe para la Homeopatía un padecimiento “puntual” (estómago, riñón, corazón, etc.)
No hay un medicamento homeopático que se remita “sólo a eso”, aunque muchas personas llegan diciendo: “Yo vine para esto y nada más”...

La dolencia no asienta sólo en un cuerpo, sino en una persona. Cada persona es un cuerpo más su psiquis.

Toda persona tiene un pasado, tal vez padeció otras afecciones o, aunque afirme “que siempre fue sano”, puede haber experimentado rechazo o deseo de algo, alegrías y pesares o bien, miedo o desprecio por alguna cosa. Nadie es una hoja en blanco.

Jamás un síntoma es “un síntoma aislado”.

Estas son las razones por las que en Homeopatía no puede haber “especialidades”.


Sin embargo en mi caso, el hecho de ser psiquiatra y psicoanalista me condiciona. Estoy más atento a los síntomas psíquicos o mentales, sobre todo cuando ellos son, “síntomas raros”.

De esta afinidad entre Homeopatía y Psicoanálisis, manteniéndome alerta tanto a los síntomas somáticos como a los psíquicos, nació la PSICOMEOPATIA.